lunes, 26 de abril de 2010

Sal de mi casa

Estoy un jueves en mi oficina en Barranco. A las cinco de la tarde un vecino escribe muy nervioso pidiendo que quien lea este correo vaya inmediatamente al malecón.

A la altura de la Av. Saenz Peña los dueños de un proyecto inmobiliario que pretenden construir un edificio en el acantilado, decidieron traer maquinaria, romper pistas y veredas y empezar a trabajar su proyecto, clausurando el paso a carros, peatones, ciclistas, perros, a todos. Para resumir los detalles complejos, no tenían permiso para hacerlo.

Los que llegamos teníamos la misma cara de indignación, yo empecé a sentir esa agitación en el pecho que a uno le da en situaciones extremas. La policía y el serenazgo miraban despanzurrados como los trabajadores de la inmobiliaria terminaban de cercar la pista. No se preocupen, el alcalde de Barranco (Mezzarina) ya vino, ha firmado un acta y ha puesto una denuncia.

El acta del alcalde no nos sirve para nada, fue consenso. Si no hacemos algo ahorita, adiós calle.

Entre todos y todas rompimos las telas negras, tumbamos las paredes de metal que entornillaron a la pista, unos trajeron palas, otros con varas de fierro palanqueamos las enormes rocas de pista rota y las devolvimos a su hueco. En media hora y con ropa de oficina abrimos el paso. Una ciclista que llegaba a la zona, pudo sortear los huecos y pasar, respiramos profundo.

Discusiones con los policías, amenazas de denuncias, fotógrafos glotones y algunas otras tonterías no detuvieron a nadie. Hasta los niños que llegaron no aguantaron las ganas y bailaron gritando sobre los fierros caídos. Al día siguiente la gran inmobiliaria tuvo que tapar los huecos y abrir la pista.

Consecuencias: Se viene una nueva pelea legal de los vecinos para defender nuestro distrito. Confirmamos que un alcalde inútil es alguien muy peligroso. Y (tal vez la más importante), nos empoderamos como ciudadanos, hicimos que se cumpla la ley y defendimos el lugar que hemos elegido para vivir. Se siente bien.

jueves, 11 de marzo de 2010

Reglas de juego

La semana pasada fui a comprar al súper algunas cosas para la casa. Si uno está rodeado de nieve hasta la rodilla, necesita por lo menos algunas cosas ricas para darle sabor al encierro.

Fue una parada rápida. Algunos snacks, pan, cosas para el pan y mi six pack de Budweiser. Llego a la caja y me doy cuenta que olvidé mi billetera en la casa. Me doy cuenta no solo por la plata que necesitaba para pagar sino por el ID que requería para probarle mi mayoría de edad a la amable cajera de nombre Aretha. Mis arrugas le importaron poco.

Felizmente vine de compras con mi amigo Chris, pensé. Pero no fue así. Cuando le dije a Aretha que Chris pagaría por las cervezas mostrando su ID me respondió lo impensable. Its no posible, you brought the beers to me.

A pesar de mis explicaciones (todas ciertas y lógicas), ella dejó claro que ese six pack no saldría de la tienda. Chris podía ir al anaquel sacar otro six y pagarlo, pero el que traje yo era algo así como un objeto sospechoso, solo porque yo lo había cargado.

Regresando hacia la casa comentábamos con Chris lo que recién había sucedido. Estábamos muy sorprendidos pero al mismo tiempo teníamos una extraña sensación de seguridad. Nos sentíamos seguros.

Comentábamos como Aretha la cajera siguió al pie de la letra la norma, como con su acción fortaleció el acuerdo que tiene el supermercado con la sociedad. La institución de que si no tienes ID, no puedes comprar alcohol.

Los gringos se sienten seguros porque sus instituciones tienen normas poco flexibles. Eso hace que todos respeten la institución y que esos todos puedan disfrutar de cosas como un tránsito ordenado, calles poco ruidosas, procesos públicos transparentes, o bomberos útiles y respetados.

Las instituciones son mecanismos de orden social que buscan normalizar el comportamiento de un grupo de individuos. Las instituciones trascienden las voluntades individuales porque se identifican con un propósito superior, el bien común. Son las reglas de juego con las que participamos de la vida en sociedad.

Si todos conocemos las reglas del juego y éstas se respetan, será más fácil que todos seamos un poco más iguales. Que todos seamos libres, no solo el dueño del tablero.

jueves, 11 de febrero de 2010

Expectativas

Sumé 28 puntos en la evaluación de la semana pasada en el programa de liderazgo en el cual participo en Washington. ¿Voy bien? ¿Voy mal? ¿Estoy cumpliendo las expectativas?

Para responder estas preguntas necesito primero entender cuál es el objetivo de mi viaje.

Los objetivos pueden variar. Salir de mi rutina, reforzar mi conocimiento, ampliar mi perspectiva del mundo, desarrollar un proyecto en mi país, hacer networking, aprender a escuchar, decidir que quiero hacer con mi vida, etc.

Los objetivos no son excluyentes y ninguno es inválido. Pero existen tendencias. Cada uno de nosotros le dará un valor distinto a cada objetivo. Sería raro (y decepcionante) que todos quisiéramos lo mismo.

Solo yo sabré si estoy siendo coherente. Si necesito un ajuste o si las cosas están pasando como deberían. No perfectas, sino como yo necesito que sucedan conmigo en esta etapa de mi vida.

Las calificaciones son importantes, pero no solo las académicas. Mi experiencia GCL estará incompleta si tengo la más alta calificación, pero no aprendí a escuchar a un compañero con opiniones contrarias a las mías, o si no entendí que el Pisco Sour es peruano pero que puede ser preparado muy rico por un chileno.

¿Expectativas? Creo que lo que se espera de nosotros es que cumplamos nuestras propias expectativas. Sean cuales sean. La expectativa es una suposición del futuro, incierta y por lo tanto maravillosa. Si entendemos eso, vamos bien.

sábado, 30 de enero de 2010

Vamos muy bien

¡Ustedes van muy bien!

Dicen con entusiasmo algunos de mis profesores en Georgetown, cuando comparan al Perú con otros países de la región. Especialmente con la temida Venezuela de Chávez o los Estados que apoyan su modelo totalitario. En las últimas semanas he escuchado esta frase de la boca de varias personas digamos bien informadas, como del Director del Programa de Liderazgo del cual participo en Washington, o del ex presidente de España José María Aznar.

Esto me alegra y me aterra al mismo tiempo. Me explico.

Me alegra que lo digan, porque significa que el crecimiento macroeconómico de mi país es una realidad en la región. No es solo un cuento de nuestras autoridades para sostener la viabilidad de un modelo, la percepción de los inversionistas (que son los que generarán nuevos puestos de trabajo) está mejorando a buenos pasos. Esto es una excelente noticia.

Me aterra que lo digan, porque al parecer nuestro crecimiento macroeconómico hace que otros temas clave se vuelvan borrosos. El gobierno de García no ha hecho ninguna de las reformas que ofreció y que los peruanos, especialmente los de menos recursos, esperaban con desesperación.

Tenemos mucha plata, pero no tenemos un Estado eficiente que sepa gastarla.
Tenemos un Sistema de Justicia donde el principio básico de que todos somos iguales ante la ley es un mal chiste y permite una manipulación indignante.
Tenemos la peor educación de la región, después de la destruida Haití.

¿Cuál es el resultado?

En las próximas elecciones, estaremos cagados de miedo nuevamente, porque es probable que la mayoría (los más pobres) este dispuesta a sacrificar libertad, a cambio de orden o seguridad. Otra oportunidad perdida para consolidar el sistema democrático en el Perú, el único sistema que garantiza nuestra libertad.

Ver a los antisistema Ollanta Humala o Keiko Fujimori (autoritarismos de derecha e izquierda respectivamente) liderando las encuestas, son el mejor, o el peor ejemplo.

Chávez también podría decir que vamos muy bien.