Si me detengo en la esquina para ver los titulares de diarios y encuentro una portada que dice “Alan busca la reconciliación”, y al lado otra dice “Alan acepta su derrota”. ¿A cuál le creo? ¿Alguno me está informando realmente? ¿Ninguno?
Y es que mantenerse informado en el Perú no es cosa fácil. Ya es bastante complicado seguirle el rastro a las noticias como para también tener que diferenciar las noticias medianamente objetivas de las estratégicamente dirigidas por alguna mano sucia.
Para colaborar con mis compañeros lectores de noticias, les presento mi arbitraria radiografía de las tendencias de algunos medios escritos y su relación con el poder.
Si queremos empezar un día tranquilo con cafecito al lado, tenemos a los periódicos que nos informan lo más resaltante del día y señalan con un diseño amigable, los problemas del momento pero sin causar mucho revuelo a la hora de criticar: los periódicos tibios. En esta sección tenemos como protagonista a nuestro decano El Comercio, que nunca queda mal con nadie y a sus tigres enfocados: El Trome, lo mismo que El Comercio, pero de lenguaje popular y Perú 21, que con la salida de su equipo editorial perdió progresismo y se entregó a los responsables de la sección económica.
Si por el contrario, esa mañana nos provoca discutir apasionadamente algún tema nacional con nuestros compañeros de oficina, tenemos los periódicos que primero toman una posición y luego intentan sustentarla de cualquier manera: los periódicos pasionales. En esta sección tenemos a Expreso, con su clásica y amarillenta sobonería a cualquier cosa que haga el gobierno de turno, a Correo, sustentando que solo el hombre blanco limeño y neoliberal salvará al Perú y desaparecerá a los pobres. También tenemos al diario La Primera, que por el contrario, encuentra siempre la forma de golpear con dureza al gobierno, sin darse cuenta que para lograrlo, muchas veces glorifica a personajes y posturas tan puercas y dañinas como las que critica.
Podemos tener también una mañana intermedia, con un solitario periódico progre como es La República. Con menos fuerza que en su época combativa, pero con posturas medias y con algunos buenos columnistas. Eso sí, tienen que cambiar ese terrible diseño.
Otro solitario sería La Razón, un enigmático pasquín con una genial combinación de colores en su portada (que asegura su visibilidad en el kiosko), y que espera que empiece la guerra con Chile, que cualquier fujimorista gane cualquier elección y que lo autoritario sea entendido como lo más eficiente. Periódico muy recomendable para envolver adornos antiguos o limpiar cosas en general, nunca para leer en la mañana.
Finalmente y no menos importantes están los que plantean entretener al pasajero y de paso informar un poco: los periódicos al paso. Acá tenemos a Extra, El Men, Ajá y sus demás primos, que básicamente enganchan al lector con primicias de las nuevas vedettes, los romances que causan revuelo, un dato para que nos crezca alguna extremidad o la clave para cobrar la pensión si eres un sufrido jubilado. De los de fútbol sería necio hablar porque así seamos los peores futbolistas del mundo, se seguirán vendiendo.
No olvides que el desayuno es la comida más importante del día, así que dale el respeto que se merece. Como decía alguna vez un personaje entrañable, una persona que en la mañana, puede sentarse, leer el diario y desayunar tranquilo sin que nadie lo joda, es un hombre libre.
lunes, 22 de junio de 2009
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